
Esta noche soñé que te mataba.
No con el frío acero, ni con la candente bala.
Eran mis manos las que te sesgaban la vida.
Y sonreí mientras que, por el rabillo del ojo, veía tu alma escapar.
La paz sentida era la paz soñada.
Y al despertar el atrapa sueños me devuelve complice la sonrisa.

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